Recuerdo cuando le pregunté en San Sebastián (cuando presentó Melinda & Melinda) si se sentía atrapado en el personaje creado alrededor de su persona. Él dijo que no pero sabe que sí. Que todos esperan de él al tipo ingenioso, de verbo fácil, con cara de judío que no ha roto un plato y gafas de intelectual que lee libros de autores rusos para impresionar a sus citas. Al que interpreta siempre el mismo papel. Incluso cuando le ven tocar con su banda de jazz.Para no olvidar aquel 26 de febrero, día de mi cumpleaños, de 1997. Julia Roberts presentaba en el Ritz de Madrid Mary Reilly. Allen se marchaba del hotel de la mano de Soon-Yi encorvado, enjuto y con aspecto mucho mayor de lo que aparenta cuando, a punto de salir por la puerta giratoria, se oyen los gritos de Julia Roberts saliendo del salón donde daba las entrevistas, dando un susto a Allen, para saludarle afectuosamente. Woody, abrumado, y los que estábamos allí, encantados de vivir ese momento en primera persona. ¡Felices 75 primaveras! Es curioso pero casi nadie te recuerda ya que te liaste con tu hija adoptiva. Ves, eso te pasa por hacer buenas películas.
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