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sábado, 26 de noviembre de 2011

Más que golpe cachete

Un tipo como Brett Ratner, capaz de poner a cantar a voz en grito Eres tú de Mocedades a un preso en el piloto de la excelente primera temporada de Prison Break ya me cae bien. No era la primera vez, también la incluyó en la banda sonora de Family Man, un drama familiar moralista heredero de los clásicos de Capra.
Otro motivo para mis simpatías por él son los innumerables comentarios, a cada cual más hiriente, vertidos contra secuelas que ha firmado, principalmente la tercera entrega de X-Men o Dragón Rojo, precuela de El silencio de los corderos. A ver, estando de acuerdo en que no llegaban al nivel de sus predecesoras tampoco estaban tan mal. Es más, Dragón Rojo en muchos aspectos es superior a Hannibal.


Ahora, Ratner nos ofrece un nuevo título de género que ni precede ni continua ninguna película anterior, lo que no deja de ser un alivio. Otra cosa es que sea original. Muy al contrario, Un golpe de altura (Tower Heist) intenta captar al espectador que echaba de menos “una de atracos” al estilo Ocean’s Eleven pero con toque social. Un grupo de empleados, encabezados por Ben Stiller, planean saquear la caja fuerte de la planta noble de la torre en el que trabajan cuando se enteran que el gran jefe (siempre es grato el reencuentro con Alan Alda) les ha estafado todo el dinero de sus pensiones. Para ello, solicitarán la, digamos, asistencia técnica de un locuaz ladronzuelo de poca monta interpretado por Eddie Murphy.

Precisamente, a partir de la aparición de Murphy, la película remonta considerablemente y aparecen los mejores gags, recuperando aunque solo sea en breves instantes al brillante cómico que es, y que creíamos desaparecido entre tanta basura infantiloide y vehículos de lucimiento cada vez peores. La última vez que disfruté con él fue en las infravaloradas Bowfinger y Condenados a fugarse (Life), ambas de 1999. Ha llovido.

Por lo demás, una película del montón que permite pasar un rato entretenido, recuperar glorias pasadas y poco más.

domingo, 2 de enero de 2011

Follen y De Niro 3

La verdad es que podrían hacer tantas secuelas como quisieran de esta simpática serie iniciada con Los padres de ella (Meet the Parents). Siguen a rajatabla el esquema de cualquier secuela del cine reciente, más aún en el terreno de la comedia: repetir todo lo que funciona en el original pero sin que lo parezca. Lo hicieron con Los padres de él (Meet the Fockers) y lo han vuelto a hacer en esta tercera entrega cuya abominable traducción al castellano ha sido Ahora los padres son ellos (Little Fockers). Primer problemilla: el juego de palabras con el apellido del protagonista (Ben Stiller) funciona mucho mejor en inglés. Follen puede valer pero el original Fockers (Folladores) roza el mal gusto para el público anglosajón con lo que las confusiones y situaciones más o menos embarazosas alcanzan su verdadera dimensión en su versión original, empezando por el título.

Era obligado el reencuentro con todos los personajes ya presentados y la incorporación de otros nuevos. Aquí es donde aparecen Harvey Keitel interpretando a un capataz de obras y la muy pero que muy sexy Jessica Alba que da visa a una visitadora médica de un laboratorio cuyo nuevo producto estrella es una especie de Viagra con el sugestivo nombre comercial de Sustengo. Son precisamente los gags alrededor de esta pastillita los que mejor funcionan. El resto sigue igual. A pesar de lo gracioso que puede resultar Robert de Niro cada vez que repite una y mil veces sus caretos al final no deja de ser un tanto penoso que una película con un reparto que incluye, además de los ya citados, a Barbra Streisand, Dustin Hoffman (cuyas escenas se metieron con calzador después de los primeros pases previos) o a Owen Wilson no de más de sí. Paul Weitz ha recogido el testigo de Jay Roach, el realizador de las dos primeras, y se ha limitado a dar forma a un guión con unas posibilidades limitadas. ¿Te ríes? Psi, pero el resultado en su conjunto es decepcionante.