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miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Una nueva esperanza? Cinco detalles sobre el acuerdo Disney Lucasfilm


Han pasado un par de semanas desde el pepino informativo: Disney adquiere Lucasfilm. Así, de golpe, sin filtraciones, ¡zas! en toda la boca y con Sandy pasándoselo chupi en Manhattan. ¡Toma perturbación en la Fuerza! A pesar de ello, la falla de San Andrés se mantuvo impasible.

Ya conoces las (obscenas) cifras del trueque, algunas reacciones e incluso las primeras confirmaciones oficiales de la segunda parte de la madre de todas las primicias: Habrá Episodio VII de Star Wars en 2015 (y nueva peli cada 2/3 años).

Antes de escribir esto necesitaba reposarlo. Mucho. Como tantos aquí y allí, más o menos frikis, parejas de frikis, iniciados o simplemente observadores distantes de las idas y venidas del universo galáctico, experimenté una sensación extraña al leer la noticia. No lo voy a negar, al principio me invadió una inédita mezcla de pena, rabia y excitación que pusieron de manifiesto lo que George Lucas y su obra significan para servidor. Por mucho que el raciocinio madure con el tiempo y sea capaz de relativizar las cosas, el corazón puede más. Mucho más.

Pero lo que en caliente se ve de una manera, en frío se puede ver de otra. Y es en uno de estos últimos momentos en los que estoy escribiendo.  Podría resumir todo este mejunje en cinco pensamientos en alto.


Una imagen vale más que mil palabras. La foto tiene algunos años.



1.Se veía venir. En los últimos meses, Lucas había manifestado en varios foros que lo dejaba, que a otra cosa mariposa, que, nunca mejor dicho: “hasta luego Lucas”. El origen de la decisión yo lo encuentro en las reacciones furibundas, viscerales a todo lo que proviene de Lucasfilm en los últimos años, particularmente la trilogía compuesta por los episodios I, II y III de Star Wars. Incluso existe un conocido documental de 2010 titulado The People vs George Lucas (El pueblo contra George Lucas) en el que diferentes voces admiten su devoción reverencial por el universo galáctico pero que sienten como una violación sin anestesia el resultado de las precuelas. Poco más o menos lo mismo se ha llegado a decir de la cuarta de Indiana Jones en South Park. Por no hablar de algunos de los retoques efectuados en la trilogía original con motivo de su lanzamiento en Blu Ray. La polémica por el tráiler de la peli de Mahoma es pecata minuta comparada con la que se lió con el “Noooooooo” de Darth Vader insertado en la escena culminante de El retorno del Jedi. Era como si Seth Green se lo hubiera propuesto como gag para Robot Chicken y Lucas dijera en plan Doc Brown: “¡Sí, buena idea! Así mantenemos la estructura espacio-tiempo”. Cual Calimero, el tío George, acostumbrado en otra época a encendidos elogios, respondió al New York Times hace pocos meses que se retiraba y que él no haría más películas de Star Wars porque, básicamente, le ponían a parir.
Cartel de Red Tails


2.Red Tails. Pero si lo anterior han sido pistas que han desembocado en el desenlace que ya conocemos, la gota que ha colmado el vaso ha sido Red Tails, una película de la que hemos hablado en este blog en más de una ocasión sin haberla visto y que, desgraciadamente, ha cumplido con todos los temores expresados ya hace meses. ¿Cuál es el problema de Red Tails? Dos palabras: es mediocre. Con todas las letras. Lucas se quejaba de que ningún estudio la quería distribuir ni en USA (la Fox finalmente se hizo cargo de ella pero todos los gastos se los facturaron a Lucasfilm) ni menos aún internacionalmente porque, decía él, era una película en la que solo salen negros, con lo que su venta es difícil. ¡Qué racista es el mundo, tío George! Mentira podrida. Naranjas de la China. La verdad es que su venta era misión imposible porque es mala, coño.  Hecha como hace cincuenta años en lo referido a guión, con chirriantes diálogos, malos muy malos, buenos muy buenos, estereotipos, o peor. La banda sonora del gran Terence Blanchard no encaja y los combates aéreos, su plato fuerte, eran más realistas en Pearl Harbor. Red Tails se mantiene inédita en la mayor parte del mundo y, haciendo cuentas, ha sido un mal negocio para Lucasfilm. Tristísimo epílogo cinematográfico como compañía independiente. Chiste fácil, un final negro.


Kathleen Kennedy
3.Kathleen Kennedy. El nombramiento en junio de este año de Kathleen Kennedy como co-presidente de Lucasfilm dejaba a las claras que Lucas iba en serio, que la empresa que había creado y dirigido durante más de 40 años (nació, como servidor, en 1971) cambiaba paulatinamente de manos. En un principio parecía que el cambio solo afectaba a quién manejaba el timón, no que iban a vender todo el barco. Claro que, bien pensado, no era lógico que alguien como Kathleen Kennedy, productora habitual de Spielberg desde E.T., más que establecida, con empresa propia The Kennedy/Marshall Company creada junto a su marido, el también productor/director Frank Marshall (saga Bourne, El sexto sentido, etc), quedara como títere de Lucas en una empresa sin proyectos cinematográficos conocidos, con franquicias más que lucrativas en punto muerto (Star Wars, Indiana Jones…), una buena serie animada en antena pero que encara su quinta temporada (Clone Wars), otra de acción real aparcada sine die por razones presupuestarias y la astracanada de Seth Green Star Wars: Detours. El resto es gestión de filiales reconocidas, referentes en su campo, como ILM (efectos visuales), Skywalker Sound (post producción de audio), Lucasarts (videojuegos), el idílico complejo que es Skywalker Ranch y las miles de licencias de merchandising. En principio, una labor no para una productora en activo (acaba de estrenar Lincoln de Spielberg) sino para un equipo de lumbreras en el terreno de las ventas y/o finanzas. Una vez sabido que Kennedy será la productora ejecutiva de la nueva trilogía todo encaja.



4.La sombra de Disney. La (discutible) reputación de Disney como empresa que infantiliza todo lo que toca, transformándolo en productos ñoños insuflados de moralina barata, orientados únicamente a la idiotización poblacional y a la venta de merchandising, ha sembrado cierta inquietud (por no hablar de miedo) entre no pocos sectores. Yo, honestamente, no pienso así. Ahora que estoy rodeado de infancia veo ciertas cosas con una mirada distinta. Detrás del cursi doblaje latinoamericano, canciones de dudoso gusto o lo edulcorado hasta la náusea que puede llegar a ser todo lo que rodea el mundo ideal que viven las princesas Disney, hay una innumerable cantidad de momentos cinematográficos magistrales, obras maestras imperecederas que han sobrevivido mejor que los demás el inefable paso del tiempo. ¿Acaso existe algún tierno infante que haya visto alguna película de los años 30 que no sean Blancanieves o Pinocho? Por no hablar de sus parques temáticos. Las cifras hablan por sí solas. A pesar de ser deficitario, Disneyland París es la atracción más visitada de la culta, elitista, moralmente superior y arruinada Europa. Y no será porque no haya cosas que ver, aunque sea solo en Francia. El imperio parido por el otro tío, Walt, ha sabido sobreponerse a dificultades serias, crecer y establecerse como, seguramente, el grupo de entretenimiento global más influyente del mundo. Y nadie está obligado a ver sus productos. Más bien lo contrario. De hecho existen respetables grupos que prohíben el contacto de sus hijos con cualquier cosa que huela a Disney. Quiero decir que entra dentro de lo normal que el universo Star Wars o el de Indiana Jones sean un tentáculo más del gran calamar. En realidad ya formaban parte de él en atracciones como Star Tours, Indiana Jones And The Temple Of Peril o el cortometraje musical en 3D, protagonizado por Michael Jackson, Captain Eo, co-producido por Disney y Lucasfilm.



Michael Arndt
5.El futuro. Las respuestas empezarán a llegar en 2015 pero yo estoy tranquilo, convencido de que a los que nos gusta Star Wars, aunque empecemos a tener una edad en la que ciertas demostraciones de alegría nos pueden acarrear imputaciones penales, tenemos fundados motivos para esperar que aquello que queríamos ver, más que cualquier otra cosa, desde 1983, fecha del estreno de El retorno del Jedi, llegará, a lo grande, dentro dos años. Lo hemos comprobado con Pixar y la magistral Toy Story 3 o la apabullante Los Vengadores (The Avengers) de Marvel. Disney quiere seguir ganando fortunas con su patrimonio. Debe asegurarse que su billonaria inversión en Lucasfilm vuelva en forma de billetes verdes, descargas legales y millones de figuritas de Han Solo con artritis, princesas Leia en rehabilitación o de Luke Skywalker transformado en primo de Jabba (a no ser que Mark Hamill se someta a la dieta del cucurucho). Dicho de otra manera, tienen que dejarnos con hambre de más a todos. A los fans originales, a los de las precuelas (que ya tendrán veintitantos y son los que ahora llenan las salas) y a las nuevas generaciones. Está claro que Darth Vader o el emperador Palpatine es difícil que vuelvan, John Williams podría, aunque es poco probable debido a su edad, componer la primera banda sonora, crear un primer tapiz de temas y dejar a otros como Michael Giachino (tiene todas las papeletas) que sigan su desarrollo. Luke, Leia o Han Solo harían las veces de Obi Wan o Yoda en las primeras películas, mentores de una nueva generación de atractivos mozos/as que recojan el testigo. Incluso pueden jugar con el indudable impacto de matarlos, asesinados vilmente por la reencarnación de los lores Sith. Siempre pueden colocar a R2, C3PO, Chewbacca, que no envejecen y dan mucho juego. En pocas palabras, tienen muchas cartas para jugar porque, por lo que se ha dicho, no van a tener en cuenta lo ya publicado y van a ser historias originales. La elección de Michael Arndt (Toy Story 3, Pequeña Miss Sunshine o Hunger Games 2) como guionista del episodio VII no hace sino confirmar que, seguramente, lo mejor de Star Wars está por llegar.



miércoles, 5 de octubre de 2011

"La Sirenita" o "Buscando a Nemo" también en 3D

Parece que en Disney han vuelto a ver a la gallina de los huevos de oro. Digo que la han vuelto a ver porque, durante décadas, seguían la milimetrada estrategia de reestrenar sus clásicos en cine cada cierto tiempo, alternando con la llegada de producciones nuevas. Sólo así pude descubrir Peter Pan o El libro de la selva como dios manda. Recuerdo como si fuera ayer las ganas que tenía de ver 101 dálmatas (1961). Tenía el cómic, un disco-libro que te contaba la historia. La espera se hizo eterna, hasta 1980, pero mereció la pena.



Las nuevas generaciones, con la llegada de los formatos domésticos (Vídeo, Laserdisc o DVD), no tuvieron esa oportunidad...hasta ahora.

Disney planea lanzar versiones en 3D de otras cuatro clásicos, como Buscando a Nemo y La Sirenita, tras el éxito de la resucitada El Rey León en la taquilla USA, en lo que, en un principio, solo era una maniobra comercial para apoyar el lanzamiento en Blu-ray de la película. Ya ha pasado la barrera de los 80 millones de dólares recaudados. 

Una versión 3D de La Bella y la Bestia, originalmente de 1991 y que ya la he comentado aquí, llegará a las pantallas en enero del próximo año, seguido en septiembre de 2012 por Buscando a Nemo de Pixar, una de sus obras maestras, estrenada en 2003.

A continuación, en enero de 2013 veremos la versión actualizada de Monstruos S.A. de 2001, coincidiendo con el lanzamiento de su secuela, seguido, en septiembre de 2013, por el upgrade a 3D de La Sirenita (1989), el comienzo de la nueva edad de oro que vivió el estudio hasta mediados de los 90.

Algunas voces son muy críticas con los intentos de hacer versiones adaptadas en 3D de las películas ya producidas con técnicas tradicionales, en lugar de concebir una película y rodarla con la nueva tecnología desde el principio. Estando de acuerdo, el proceso de las películas de animación tradicionales es perfecto para la tecnología estereoscópica, puesto que se trata de capas, el acetato con el dibujo y el fondo. Nada que ver con una producción de acción real. Veremos los resultados con Titanic o La amenaza fantasma el año que viene. Si la experiencia funciona, no sería descabellado pensar que El padrino, Lawrence de Arabia, Centauros del desierto o Con la muerte en los talones podrían volver a los cines. A pesar de lo que pueda pensar algún purista, yo me apunto. Total, ya llevo gafas, aunque los últimos avances tecnológicos ya vislumbran el visionado estereoscópico sin ellas. Justo cuando RayBan se planteaba una línea cool de gafas para ir al cine. Esto me lo he inventado.

martes, 25 de enero de 2011

Están (casi) todos los que son

Será el próximo 27 de febrero en el teatro Kodak de Los Ángeles cuando se celebre la gala de entrega de la 83 edición de los Oscar, la retransmisión no deportiva más seguida del año. Nos guste o no, es un fenómeno global que va mucho más allá de las paupérrimas audiencias que han tenido las últimas galas en la ABC. De momento, han rejuvenecido a los presentadores (ver entrada al respecto).

Hoy, 25 de enero, se han conocido las nominaciones. Pocas sorpresas. Eso sí, flipo con la legión de fans que tiene Javier Bardem entre los congregados a la rueda de prensa en la que se han leído las candidaturas. Ha sido el único nombre con el que se han oído grititos de aprobación. Me alegro mucho por él y no tanto por Biutiful, que no es para tanto. Encima nace su bebé el mismo día, ¡oohhh!. Ya es la tercera nominación en pocos años aunque lo veo muy chungo. Colin Firth t-t-t-tiene t-t-t-todas las p-p-pap-p-eletas por su interpretación del tartaja Jorge VI en El discurso del rey (The King's Speech), una película que se ha llevado 12 nominaciones. Ahí queda eso. Cómo les va a los académicos (y a los americanos un poco leídos) el rollo monárquico británico.


En las demás candidaturas, me encantaría que Natalie Portman ganara su primer Oscar. Desde Leon he sentido una atracción hacia ella muy extraña (quiero creer que era su inmenso talento lo que me gustaba porque entonces era una cría, auque con una mirada de inteligencia muy superior a la normal), cimentada por la maravillosa Beautiful Girls o, años después, con Closer. Su papel de bailarina en El cisne negro (Black Swan) debe de ser la consagración de la que considero es, de largo, la mejor actriz de su generación y, si me apuras, también de la anterior. Un poco bajita, por decir algo. Eso sí, no hay que perder de vista a la también espléndida Annette Bening y su papel en Los chicos están bien (The Kids Are All Right).

Se ha vuelto a poner de manifiesto que los Globos de Oro ya no son de manera tan clara la "antesala de los Oscar". Un ejemplo: el mejor actor de reparto este año (el bueno de Paul Giamatti) no está ni nominado.
Por otra parte, la ignorada  Valor de Ley (True Grit) de los Coen, su mayor éxito de taquilla en USA,ha recibido 10 nominaciones,incluyendo una para la joven de 14 años Hailee Steinfeld como Mejor Actriz de Reparto, una candidatura bastante abierta mientras que en el sexo contrario las miradas apuntan a Christian Bale y a su papel de hermano yonki en The Fighter. Con un aspecto muy similar al ofrecido en El maquinista, Bale es uno de esos actores que gana una pasta, se lo rifan en Hollywood pero no acaba de despuntar a nivel de reconocimientos. Siempre suele haber otro que le hace sombra, bien cuando él es el protagonista o cuando interpreta a un secundario. El Globo de Oro puede haber sido el comienzo de los discursos para aquel chaval que gritaba ¡P 51, Cadillac of the sky! Brrrmmmmm¡ Horse poweeerrrrrrrrrrr! en la infravalorada joyita El imperio del sol (Empire of the Sun). Ojo a Jeremy Renner y su papel en The Town. Es un actor en alza tras su participación en En tierra hostil, la peli que ganó el año pasado. Ahora está rodando la cuarta Misión Imposible y será uno de los Vengadores (Ojo de halcón).

Probablemente no gane pero yo le daría el Oscar a la Mejor Banda Sonora al grande, genial, divertido y talentoso John Powell por la espectacular música de Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon). Seguramente Trent Reznor y Atticus Ross se llevarán la estatuílla por el score de La red social, que no está mal pero prefiero la de Powell y él como compositor se lo merece. He echado de menos la nominación a la música de Danny Elfman para Alicia en el país de las maravillas (Alice In Wonderland), que se llevará premios al vestuario o a la dirección artística, y me sobra Origen (Incepcion), una chapa de Zimmer al que veo bastante endiosado en un momento de su carrera en el que ya no se sabe lo que compone él y lo que hacen sus "negros" que los tiene a mogollón (John Powell entre ellos).

Yo, sin lugar a dudas, le daba el premio a Mejor Película a Toy Story 3 y a Mejor Director a Fincher. Pleno al 15. La categoría de mejor peli animada se queda corta. Sí, amigos de la Academia, se puede hacer. No sois menos exigentes por premiar la culminación de una excelsa trilogía. No pasa nada.

La vida no es perfecta, La red social (The Social Network) será la ganadora y, espero, Fincher también. Cualquiera de las candidatas antes que Origen.