lunes, 5 de diciembre de 2011

Spielberg da pistas sobre Indy 5 y preestrena War Horse

En los últimos meses, el runrrún de una nueva película protagonizada por Indiana Jones se ha visto mezclado por las declaraciones de Spielberg en las que, tal y como lo han recogido algunos medios, se escurría el bulto de las críticas a El reino de la calavera de cristal, diciendo que fue una idea del tío George (Lucas) que a él no le convencía. Un argumento que también usa a la hora de hablar de El templo maldito (parece ser que el divorcio de Lucas fue lo que provocó su tono oscuro). Como queriendo dejar claro que lo más criticable de la saga no es por su culpa sino por la de su colega.


En una entrevista reciente a Entertainment Weekly, y para quitarle hierro al asunto, ha afirmado sobre la cuarta entrega que "estoy muy orgulloso de la película", dice Spielberg. "Me encantaba traer de vuelta a Marion (Karen Allen). Me encantaba el hecho de que Indy ya tiene un hijo. Es una película de acción para toda la familia, y me encantaba la premisa general. Es público que George, Harrison y yo tuvimos un enfrentamiento sobre el género y el concepto. Pero siempre he contado las historias de George".

"Mi mayor contribución ha sido la inclusión del padre en la tercera película", continúa. "Esa era mi idea, darle a Sean Connery el papel de padre de Harrison. Yo soy el mejor amigo de George y soy muy obediente con las historias que él escribe. Voy a pelear por cosas en las que no creo pero, en última instancia, si George quiere incluir a seres inter-dimensionales en la Calavera de Cristal, voy a hacer el mejor trabajo posible para absolver la idea de George y hacer que se sienta orgulloso".

Una vez explicado, por enésima vez, su sistema de trabajo (el suyo con Lucas y Ford), Spielberg vuelve a colocar la pelota en el tejado de su socio: "Depende de George", dice cuando se le pregunta acerca de una quinta entrega. "Ya hemos acordado el género de la quinta película, ya tenemos una idea en mente. No sé donde está George con la historia. No hay Indy 5 hasta que George dice que lo hay" .Alto y claro. La agenda de Spielberg como director no se libera hasta, al menos, finales del año que viene.


War Horse

La historia de War Horse de Michael Morpurgo fue originalmente una novela para niños antes de que se adaptara para los escenarios en 2007. La producción del National Theatre recibió elogios de la crítica para convertirse en una de las más exitosas obras teatrales en el Reino Unido antes de trasladarse a Broadway.

Precisamente, a escasos metros del teatro donde se representa en Nueva York, se estrenó ayer la adaptación de Spielberg, que promete ser un festival lacrimógeno. El reparto está compues
to por un buen lote de actores británicos como David Thewlis y Benedict Cumberbatch, acompañados de Emily Watson y el joven Jeremy Irvine, protagonista humano de la historia.

Después del pase, en una fiesta privada a la que asistieron buena parte de los invitados VIPs y de la que se hace eco Scott Feinberg en las páginas del Hollywood Reporter, se comentó que en varios momentos de la película - al igual que otras obras de Spielberg que involucran a la guerra, sobre todo La lista de Schindler (1993) y Salvar al soldado Ryan (1998) - algunos espectadores tuvieron que apartar la mirada debido a la dureza de las imágenes.  Otras escenas son tan emocionalmente intensas que harán llorar hasta al más duro entre los duros, particularmente al final. De hecho, una de las críticas más repetidas, si es que se le puede llamar así, es que Spielberg te maneja como una marioneta, y eso a muchos les jode. Aquí ríes, aquí sufres y aquí toca moquear, es decir, te manipula.

De Irvine, debuta en la pantalla grande, dicen que es un poco rígido; Buckens, aunque hermosa, tiene una escena que es un poco too much. Incluso JohnWilliams se lleva lo suyo. Se dice que la música, admitiendo que es hermosa (algo que de lo que doy fe), es "poco original" y se utiliza demasiado para guiar las emociones de los espectadores.

En cuanto a las perspectivas de War Horse en su carrera hacia los Oscar, nadie le dijo que su idea fuera poner la película en el primer lugar en sus nominaciones, pero todos parecían muy seguros de que en algún lugar - en la mayoría de los casos bastante alto - sí estaría.

En España se estrena el 13 de enero de 2012, con las nominaciones ya anunciadas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Polanski el carnicero

Con el tiempo, los gustos, como la energía, se transforman. No del todo, claro. Aún hoy, una de las películas que más me han perturbado en mi vida ha sido El ángel exterminador (1962), obra magna del irrepetible Buñuel. En ella, un grupo de burgueses que acaban de disfrutar de una opípara cena se ven incapaces de abandonar la habitación en la que se encuentran. Con el paso de las horas, de los días, las máscaras se caen y acaban comportándose como lo que en realidad son, somos: animales.


Similar sensación de agobio he sentido al ver Un dios salvaje (Carnage), último título por el momento en la interesantísima filmografía de Roman Polanski, cuya penúltima película, El escritor (The Ghost Writter, 2010) merece todos los elogios. Inevitablemente, la mencionada El angel exterminador vino a mi memoria cuando el acomodado matrimonio formado por Christoph Waltz y Kate Winslet no termina de marcharse del piso de otro, cuyos componentes son John C. Reilly y Jodie Foster, a pesar de salir por la puerta en varias ocasiones, incluso habiendo entrado en el ascensor. Por diferentes razones, acaban volviendo para seguir dándole vueltas al incidente que ha provocado la reunión: la agresión con un palo del hijo de uno de los matrimonios al hijo del otro en un parque junto al mítico puente de Brooklyn, que es la primera escena de la película, rodada en plano secuencia con los créditos.

Basándose en la obra teatral de Yasmina Reza, Polanski pone todo su conocimiento del lenguaje cinematográfico, que es mucho, al servicio del texto original. Utiliza sabiamente los fundidos a negro, a modo de telón o de iluminación de sala, para separar el inicio del grueso de la película y éste de los créditos finales. Música solo al principio y en la conclusión, como en el teatro. Pero, tanto el montaje, multitud de encuadres, como el premeditado uso de los primeros planos nos situa en una experiencia esencialmente cinematográfica. 

Como un buen carnicero, Polanski va fileteando con cortes finos pero precisos el agudo retrato social de Reza. Pero, claro está, no vale con ser el mejor carnicero. Necesitas buena materia prima y el libreto original lo es. No menos importante resultan las herramientas. El autor de Chinatown se ha rodeado de un compacto cuarteto de intérpretes que están a la altura del proyecto. Aunque, si hay que poner nota, me quedo con ellos. Tanto el todoterreno John C, Reilly como, especialmente, Christoph Waltz, dan el contrapunto perfecto a las, en ocasiones, over the top Foster y Winslet.

Muy recomendable película de un veterano cineasta que, sin llegar a ser un dios, todavía conserva intacto su lado salvaje, para nuestro deleite.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Unas botas de siete leguas

Una rectificación a tiempo siempre es buena. Había unanimidad a la hora de calificar de decepcionantes tirando a mediocres las últimas entregas de Shrek, particularmente Felices para siempre (Shrek Forever After, 2010). Una fórmula más que agotada que se salvaba del naufragio total gracias a escenas sueltas, muchas de ellas protagonizadas por el gato con botas.


No por casualidad, los ejecutivos de Dreamworks Animation ya vieron las posibilidades del personaje desde su primera aparición en Shrek 2 (2004) y decidieron lanzarlo al estrellato en solitario. El momento no podía ser mejor, con la franquicia original parada y la necesidad de crear una nueva que genere los suficientes ingresos para que el Consejo de Administración no se ponga excesivamente nervioso. De hecho, también están preparando secuela de la magnífica Cómo entrenar a tu dragón (How To Train Your Dragon) para 2014.

La clave fundamental del éxito del gato con botas es Antonio Banderas. Su pasado como El Zorro, su desaprovechada y desconocida vis cómica y, también, unos extraordinarios registros faciales hacen del personaje una sabia mezcla de elementos que pueden gustar tanto a los adultos como a los enanos de la casa. Al fin y al cabo, quien más quien menos o tiene un minino en casa o se cruza todos los días con algún arrabalero en tonos grises detrás de cualquier esquina.

Cogiendo lo que siempre ha funcionado de la saga Shrek: la mezcla de cuentos clásicos (Humpty Dumpty, Jack y las habichuelas mágicas o La oca de los huevos de oro) , giños cinéfilos (El Zorro está continuamente presente) y modismos actuales, el equipo liderado por Chris Miller (director de Shrek Tercero) ha sabido sacarse de la chistera un producto muy digno, con espectaculares secuencias (sobre todo al final) y con unos personajes secundarios que han entrado con calzador en una película para todos los públicos. Los grotescos Jack y Jill no sólo hablan en código adulto sino que son capaces de crear pesadillas a algún que otro infante, mi hija de cuatro años sin ir más lejos. Lo de la marihuana para tratar el glaucoma...en fín. Guillermo del Toro, uno de los productores, seguro que ha tenido algo que ver.

Por su parte, Salma Hayek pone lo mejor de sí misma para dotar de sensualidad a su latin cat, Kitty. Afortunadamente, y debido al origen de Banderas y Hayek, hemos podido disfrutar en castellano también de su talento. Algo que se agradece y mucho, particualrmente el exagerado acento andaluz del gato con botas. Seguramente, y por una vez, el personaje suena más divertido en la versión "doblada" que en la "original".

Las tres dimensiones están bien utilizadas, al igual que la música, otra pieza de reciclaje de aquí y de allí, con especial protagonismo a los temas que James Horner compuso para El Zorro. Sin alcanzar el nivel de Pixar, El gato con botas (Puss In Boots) cumple con el doble objetivo de colocar al personaje principal como estrella de un par de secuelas al tiempo que entretiene con una fórmula de eficacia probada pero a la que había que cambiarle algunos ingredientes.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Más que golpe cachete

Un tipo como Brett Ratner, capaz de poner a cantar a voz en grito Eres tú de Mocedades a un preso en el piloto de la excelente primera temporada de Prison Break ya me cae bien. No era la primera vez, también la incluyó en la banda sonora de Family Man, un drama familiar moralista heredero de los clásicos de Capra.
Otro motivo para mis simpatías por él son los innumerables comentarios, a cada cual más hiriente, vertidos contra secuelas que ha firmado, principalmente la tercera entrega de X-Men o Dragón Rojo, precuela de El silencio de los corderos. A ver, estando de acuerdo en que no llegaban al nivel de sus predecesoras tampoco estaban tan mal. Es más, Dragón Rojo en muchos aspectos es superior a Hannibal.


Ahora, Ratner nos ofrece un nuevo título de género que ni precede ni continua ninguna película anterior, lo que no deja de ser un alivio. Otra cosa es que sea original. Muy al contrario, Un golpe de altura (Tower Heist) intenta captar al espectador que echaba de menos “una de atracos” al estilo Ocean’s Eleven pero con toque social. Un grupo de empleados, encabezados por Ben Stiller, planean saquear la caja fuerte de la planta noble de la torre en el que trabajan cuando se enteran que el gran jefe (siempre es grato el reencuentro con Alan Alda) les ha estafado todo el dinero de sus pensiones. Para ello, solicitarán la, digamos, asistencia técnica de un locuaz ladronzuelo de poca monta interpretado por Eddie Murphy.

Precisamente, a partir de la aparición de Murphy, la película remonta considerablemente y aparecen los mejores gags, recuperando aunque solo sea en breves instantes al brillante cómico que es, y que creíamos desaparecido entre tanta basura infantiloide y vehículos de lucimiento cada vez peores. La última vez que disfruté con él fue en las infravaloradas Bowfinger y Condenados a fugarse (Life), ambas de 1999. Ha llovido.

Por lo demás, una película del montón que permite pasar un rato entretenido, recuperar glorias pasadas y poco más.

sábado, 29 de octubre de 2011

Tintín Jones

Spielberg ha repetido hasta la saciedad que su primer contacto con Tintín fue a través de una crítica francesa sobre En busca del arca perdida (Raiders Of The Lost Ark,1981) en la que se aludía constantemente a las similitudes entre Indiana Jones y el reportero del tupé y su fox terrier. Poco después contactó con Hergé, quien le confesó que era admirador suyo y que él sería el único director capaz de hacer justicia a Tintín en el cine.

Aquella frase, obviamente, se la tomó como una misión vital, más aún cuando el encuentro cara a cara nunca llegó a tener lugar ya que George Remí, el nombre real de Hergé, falleció unos días antes de su cita con Spielberg. Han pasado casi treinta años desde entonces. Él supera los sesenta y yo he llegado a los cuarenta. Seguimos teniendo la ilusión, parte de la inocencia pero, evidentemente, no somos las mismas personas.

Está claro que la tecnología ha tenido que avanzar lo suficiente para que, finalmente, se decidiera que la forma en la que se podía hacer justicia a Tintín y, por extensión, a su autor, era a través de la conocida como performance capture, iniciada por Robert Zemeckis en títulos como Polar Express o Beowulf (con resultados discretos) y perfeccionada por los profesionales de Weta Digital (trilogía El Señor de los anillos) en Avatar. Precisamente, la película de Cameron resultó decisiva para que Spielberg se decantara por Tintín como su siguiente proyecto como director después de la cuarta entrega de Indiana Jones (vuelven a converger sus nombres) y para que Peter Jackson se embarcara en el proyecto como productor y como director de la secuela. Inicialmente, está prevista una trilogía.

Adoro Tintín, aunque reconozco que los títulos elegidos para esta primera entrega (El cangrejo de las pinzas de oro, El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham el Rojo) no están entre mis favoritos. Yo hubiera optado por El cetro de Ottockar o La isla negra (ambos aludidos visualmente en la película) o, si era necesaria una aventura doble, la compuesta por Los cigarros del faraón y El loto azul, en la que Tintín viaja a China (Shanghai en plena invasión japonesa, una época ya abordada por Spielberg en El imperio del sol) ,y a Egipto y en la que no está acompañado del capitán Haddock. Seguramente, prescindir de él era un riesgo que no han querido correr. Cuestionable pero comprensible. Quiero decir que la capacidad de sorpresa con la que me he enfrentado a la película está muy limitada por mi conocimiento de las historias. La cuestión era no tanto qué va a pasar sino cómo me lo iba a contar Spielberg. Handicap considerable.

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio empieza magistralmente, con unos créditos, poco habituales en Spielberg, en la línea (estilística y musical) de Atrápame si puedes (Catch Me If You Can), que suponen todo un ejercicio de agudeza visual sobre los títulos de la colección tintiniana a los que hace referencia u homenaje más o menos evidente.

La primera secuencia, magnífica como concepto, está protagonizada por el mismo Hergé quien, rodeado por varios retratos de sus aventuras (entre ellos los omitidos hermanos Bird) dibuja en un mercadillo callejero, con su característico estilo, a un  joven que resulta ser Tintín. De un plumazo, Spielberg sitúa al espectador en SU universo, dejando a Hergé el suyo. ¿Son el mismo? Claramente no. La técnica de línea clara fue en su día lo que hoy es la performance capture, es decir, novedosa. Cualquier intento de aprovechar la tecnología actual para trasladar de la página impresa a la gran pantalla de forma escrupulosa la obra de Hergé hubiera funcionado solo durante los primeros cinco minutos. Aquí, nos enfrentamos a un mundo tridimensional lleno de detalles, texturas, luces y sombras, poblado por seres hergianos que parecen actores con máscaras de látex, tal y como Warren Beatty ambientó su particular e infravalorada visión de los cómics de Dick Tracy.

Luego, comenzamos a habitar lugares comunes con la saga de Indiana Jones. No solo por el trepidante ritmo o la soberbia música del (casi) siempre inspiradísimo John Williams sino porque Tintín (Jamie Bell), en esta primera aventura cinematográfica, quiere encontrar un tesoro escondido. Para ello debe encontrar las pistas que le lleven a él, a poder ser, antes que otros individuos con aviesas intenciones encabezados por un tal Sacarine (Daniel Craig), el cambio más radical con respecto a las historias originales. Por el camino, se encontrará con el alcoholizado capitán Haddock (Andy Serkis) y juntos acabarán en una ficticia ciudad de Marruecos. ¿Existen parecidos con En busca del arca perdida? Bastantes, pero eso ya lo sabíamos.

Dice Spielberg que no se lo había pasado tan bien rodando una película desde E.T. Me lo creo. Le han regalado un juguete nuevo para hacer con él lo que quisiera. Y vaya si lo a hecho. Lo que no era posible rodar con personajes de carne y hueso, bien por presupuesto o por seguridad, lo ha incorporado a Tintín. Desde espectaculares persecuciones a un halcón en plano secuencia por las estrechas calles de una ciudad marroquí hasta una huida en hidroavión en mitad de una tormenta, pasando por la recreación de un combate de piratas en alta mar. Por primera vez, se ha adentrado como director en el terreno de la animación, en el de la edición digital, en suma, en otro mundo para él. Seguro que lo ha gozado, y nosotros también.


Que dos cineastas como Steven Spielberg y Peter Jackson unan sus talentos y sus reputaciones para sacar adelante la transformación de los míticos cómics del belga más internacional (con permiso de Poirot) da una idea de la trascendencia de la obra de Hergé a través de los años, cautivando a diferentes generaciones de todos los rincones del planeta. A buen seguro, al otro del Atlántico, estas aventuras de Tintín marcarán un antes y un después en la venta de ejemplares en EE.UU

sábado, 22 de octubre de 2011

Intriga poco contagiosa

Reconozco que me dan mal rollo. Ya en su momento La amenaza de Andrómeda (The Andromeda Strain, Robert Wise 1971) me dejó marcado. Era muy pequeño entonces. Demasiado. Mucho tiempo después, Estallido (Outbreak, Wolfang Petersen 1995) me volvió a meter el miedo en el cuerpo, a pesar de que el final resulta cómico y torpe, después de que hubiera oído hablar durante meses de un virus al parecer letal llamado Ébola.

Ahora, oportunamente, tras la polémica pandemia de la Gripe A (H1N1) decretada por la OMS, la rápida fabricación de la vacuna y las millones de dosis vendidas al primer mundo, Steven Soderbergh plantea en Contagio (Contagion) una nueva alarma sanitaria a partir de otro virus con aviesas intenciones y con consecuencias, esta vez sí, catastróficas para la humanidad.



A diferencia de los títulos anteriores, este es un drama coral poblado de nombres conocidos, rodado en diversos formatos, múltiples localizaciones, y con nexos de unión en forma y fondo, con otra obra anterior del director, mucho más brillante: Traffic. Aquí, noto que Soderbergh se ha acomodado, no corre el mínimo riesgo y, con mucho oficio, solo esboza críticas a un sistema en el que los intereses de gobiernos o de la industria farmacéutica, la pasta gansa, se ponen por montera a miles de personas.

Demasiado larga, fría y totalmente inocua, Contagio, solo permanecerá en mi memoria por la potentes interpretaciones de Laurence Fishburne y Matt Damon o el siempre angelical rostro de Gwyneth Paltrow.

jueves, 13 de octubre de 2011

El poster de La amenaza fantasma 3D ignora a Jar Jar y a Liam Neeson

Aunque ya lo he comentado en Facebook, aquí me puedo extender un poco más sobre el diseño del cartel del reestreno en 3D del episodio uno de Star Wars: La amenaza fantasma (The Phantom Menace).

Ni rastro de Qui-Gon (Liam Nesson) ni del pipiolo Anakin, ni, por supuesto, Jar Jar Binks. Curiosamente, los protagonistas de la película. En su lugar, de manera prominente, Darth Maul y, en segundo plano, Darth Sidius, Obi-Wan, Yoda, R2 y la carrera de vainas. Ummmmmmmm.

Quizás sea momento de recordar lo vivido con varios amigos en Nueva York, allá por mayo de 1999.
Habían pasado 16 años desde El retorno del Jedi. Ya no teníamos 12 años sino 28 y las Torres Gemelas todavía dominaban el sur de Manhattan. El complejo estaba cerca de Union Square, colas interminables y merchandising por todos lados. Suponía el regreso a la dirección de Lucas que, desde la experiencia durante el rodaje de la primera de todas en 1976, sólo ejercía de productor ejecutivo o autor de argumentos bien en la saga de Indiana Jones (serie de tv incluida) o Willow. Sí, también en Howard: un nuevo héroe (Howard The Duck).

Quiero decir con esto que el nivel de expectación no podía ser más alto. En otras palabras, las posibilidades de decepción eran muchas más que las de atravesar con éxito un campo de asteroides. Vamos, tengo muy vivo en mi memoria el subidón de adrenalina que tuve la primera vez que vi el trailer, a pesar de la pésima calidad que tenían los quicktime de 1998.

Todo eso es pasado. La trilogía de precuelas está estrenada, distribuida en VHS, DVD y, desde hace unas semanas, también en Blu-ray.

El poso que tiene ahora La amenaza fantasma es diferente al de 1999. Y, sinceramente, me parece una excelente película. ¿Con fallos? Sí, muchos, pero también con enormes aciertos. Vayamos por partes:

Aciertos:


  1. Todo el mundo debe reconocer que inventarse un villano teniendo el precedente de Darth Vader era un desafío mayor que subir el Everest con zapatillas de felpa. Darth Maul cumplió con creces y se ha convertido en uno de los personajes más recordados.
  2. Los duelos con sables láser tenían que mejorar y vaya si lo hicieron. El enfrentamiento a dos entre Maul y Obi-Wan, con esa toma sin música ni cortes, a la velocidad del rayo y con un sonido de primera, es de lo mejor de toda la saga.
  3. La elección de Liam Neeson como mentor de Obi Wan, dando profundidad y presencia a un maestro Jedi como Qui-Gon fue otro acierto.
  4. El planeta Naboo, medio rococó medio Venecia. Espectacular a la vista.
  5. Magníficos personajes secundarios como el impagable Watto, el maestro jedi Ki Adi Mundi, Sebulba o Sio Bible.
  6. Sabia, muy sabia y clave la decisión de darle de nuevo a Ian McDiarmid el papel de Palpatine. Podrían haber optado por cualquiera y no, Lucas eligió la mejor carta. 
  7. La carrera de vainas. Aunque algo excesiva, es innegable el gancho de la secuencia, aderezada con los hilarantes cameos de los jawas, los tusken raiders o la enigmática Aurra Sing.
Errores


  1. Jar Jar Binks. Ya se ha dicho de todo y no voy a insistir. No es gracioso. Sobra y no aporta nada a ninguna de las tramas, como se pudo demostrar en los episodios 2 y 3. En general los gungan, aunque suene racista, molestan cada vez que aparecen, algo que están arreglando en la serie The Clone Wars.
  2. Anakin. Te empiezas a imaginar las razones de su paso al Lado Oscuro. Tendrá los midiclorianos por las nubes pero el chaval es un tontaina. Todo el día dando grititos tipo ¡uau!. Si no le hubiera pillado Palpatine hubiera acabado alcoholizado o chutado. Fijo que su media académica solo le daba para Filología Gungan.
  3. La marioneta de Yoda no funcionaba. La han cambiado ya así que...
Creo que, haciendo balance, hay más aciertos que errores, a pesar de que éstos son estratosféricos y dañan mucho al conjunto. Por ello, daré otra oportunidad a La amenaza fantasma.